domingo, 24 de noviembre de 2013

-

Soledad. Vacío. 
Sé que nadie va a quererme nunca. ¿Cómo lo van a hacer? Incluso la gente que dice hacerlo sé que se siente obligada a decírmelo. Creen que así alargarán un poco más mi vida, que me hacen sentir mejor.

Para nada.

Sé que doy asco, que relacionarse conmigo implica introducirse en una espiral de dolor, preocupación  y agobio. ¿Qué se puede esperar cuando hablas con alguien cuya única meta es morir cuanto antes? 

"Fea. Desastre. Penosa. Patética. Carga. Muérete ya."

Son solo palabras, ¿verdad? Las palabras no matan. Pero las cuchillas sí. Sangre. La sangre resbalando por mi piel es lo único que me tranquiliza. La promesa de una muerte tranquila. El sueño de no volver a despertarme nunca, de dejarlo todo atrás, de que todo acabe. Cada corte es más profundo que el anterior y ya ni siquiera me importa que se me vean. Siento que me voy consumiendo a cada segundo, ya no queda nada de mí, estoy reducida a partículas microscópicas, lo único que queda es el dolor y el odio.

El odio hacia mi misma, la repulsión ante mi imagen, las ganas de rajarme el cuello y acabar con todo, las cadenas que me atan a personas que ni siquiera me importan ya. Nada me importa, ya no sé si sigo aquí por ellas o porque no tengo cojones de matarme de una vez. Siempre he pensado que todos estarían mejor sin mí, y aquí estoy, dependiendo de una persona que juega conmigo como quiere. Me doy cuenta y sigo ahí, como si cuando todo acabe pudiese usarlo como excusa, como gota que colme el vaso, aunque luego se sentiría culpable y en consecuencia yo seguiría torturándome.

Cada "¿Qué te pasa? Por favor, no hagas nada, te quiero, estoy contigo." se me clava como un maldito cuchillo afilado. No puedo soportar la idea de importarle a alguien, que una persona sufra por mí es algo demasiado grande para hacerme a la idea. Cada corte, arañazo, golpe o insulto a mí misma es como si estuviese apuñalando a esa persona, traicionando su confianza, destrozando todo lo que había conseguido.

No valgo nada, absolutamente nada. Estoy vacía por dentro. Existen personas por las que daría la vida que ya no me parecen suficiente razón para seguir viviendo, que estarían mejor sin mí, que comenzarían a respirar con mi último aliento. ¿Quién soy yo para impedirles ser felices? ¿Quién soy yo para atarles? ¿Cómo va a atarles alguien que pretende suicidarse en un futuro cercano? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario